La prensa escrita es uno de los medios más antiguos y ha sido fundamental para informar, vigilar al poder y fomentar el debate público. En Costa Rica, su desarrollo comenzó con la llegada tardía de la imprenta en 1830, inicialmente para difundir documentos oficiales del Estado. Solo tres años después, el 4 de enero de 1833, circuló el primer periódico nacional, El Noticioso Universal, marcando el nacimiento del periodismo costarricense y el inicio de un medio que acompañaría la evolución democrática del país.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, la prensa se expandió hacia las provincias, impulsada por la instalación de talleres de imprenta, los avances en alfabetización y un marco legal que garantizaba la libertad de imprenta sin censura previa. Estos periódicos regionales surgieron para visibilizar problemáticas locales, fortalecer identidades comunitarias y participar activamente en la vida política, contribuyendo a la formación de una opinión pública más diversa y territorialmente distribuida. A finales de ese siglo, tecnologías como el telégrafo y nuevas máquinas de impresión transformaron la producción periodística y dieron paso a una etapa de mayor profesionalización.
Hoy, la prensa escrita enfrenta un contexto muy distinto al de sus inicios: el auge de internet, los medios digitales y los cambios en los hábitos de consumo han reducido drásticamente la circulación de periódicos impresos. Muchas cabeceras desaparecieron o migraron a su versión únicamente digital debido a la baja en ventas y en ingresos publicitarios. En este escenario, el número de diarios de tiraje nacional disponibles en papel se ha reducido a unos pocos.
Actualmente, los periódicos impresos de cobertura nacional que siguen circulando regularmente son La Nación y La Teja (ambos pertenecientes al Grupo Nación), así como Diario Extra y La República. La existencia de tan pocos diarios nacionales con versiones físicas en papel refleja las dificultades del modelo impreso para mantenerse rentable en un mercado competitivo y digitalizado.
Estos cambios estructurales exhiben varios desafíos: la menor diversidad de medios impresos de carácter nacional limita las voces y perspectivas, y la competencia con plataformas digitales obliga a los periódicos tradicionales a reinventarse. Algunos de los medios se transformaron y dieron paso a versiones digitales, pero la pérdida del soporte físico representa un cambio de hábito importante, pues hoy la información pasa a depender del acceso a internet, suscripciones o redes sociales cuya propiedad no se encuentra en el país.